Editorial




Saber dejar atrás el pasado

En relación al juicio en el que se discute la comisión del Delito de Genocidio durante el conflicto armado, se puede decir que es un proceso cuyo contenido está lleno de polémica y contradicción, en el que predominan las presiones de ciertos grupos, nacionales y extranjeros, que buscan convertirlo en una causa política y en una especie de trofeo de guerra.

Lamentable situación, que golpea directamente en la institucionalidad judicial y es un recordatorio actualizado de la polarización ideológica que imperó durante la guerra interna del país, que tanto daño hizo en nuestra sociedad y cuanta división sigue generando hasta nuestros días.

Es un hecho que en 1996 se firmó “la paz firme y duradera” y sus principales actores depusieron las armas en beneficio del país, sin embargo, a tenor de lo que se mira en los medios y en las declaraciones de los ofendidos, pareciera que la guerra ideológica persiste hasta ahora con toda su maquinaria y visceralidad.  

¿Qué intentan conseguir estos grupos con todo este montaje? ¿Por qué están estirando al máximo el concepto de genocidio y parcializando este caso hasta donde sea posible? No se sabe a ciencia cierta, pero todo apunta a un intento bien orquestado de abrir viejas heridas de guerra y aplicar castigo judicial a unos cuantos personajes emblemáticos del Ejército, para que paguen lo que todos sabemos fue un conflicto de dos bandos: la Guerrilla y las Fuerzas Armadas.  

¿O es que acaso, la guerra sólo fue peleada por el Ejército? Porque según los relatos que se han publicado recientemente por algunos columnistas, pareciera que los militares fueron los únicos protagonistas de todas las hazañas y excesos durante el conflicto armado. Y tristemente, después de tantos años, la historia de la guerra sólo es contada por quienes interpretan los hechos según su propia ideología y memoria histórica.

Porque ahora resulta que esas fuentes interesadas saben la estrategia que utilizaron las partes en el conflicto armado y, ya no digamos, en el proceso de negociación de paz. Tanto así, que dan a entender que no se incluyó el delito de genocidio en los Acuerdos de Paz por razones estratégicas que se manejaron internamente durante las negociaciones. Es curioso, que aún en la distancia, se recuerdan al detalle las intenciones, omisiones y posiciones que manifestaban los protagonistas de entonces.

En todo caso, los actos de violencia que caracterizaron al enfrentamiento armado, condenables desde todo punto de vista, se produjeron en la lógica insensata de la guerra, donde guatemaltecos de diversa condición se agredieron entre sí, lo cual no puede ser calificado bajo ninguna circunstancia como genocidio, puesto que no hubo destrucción total o parcial de ningún grupo nacional, étnico, racial o religioso.

Por eso, en nuestro posicionamiento institucional, hemos sostenido “que no se puede ocultar la demanda de justicia, provenga de donde provenga, pero en honor de los principios constitucionales del país, ésta debe atenderse en el marco del Estado de Derecho que todo proceso legal está obligado a acatar”.

En definitiva, el Sector Empresarial defiende la importancia de saber dejar atrás el pasado, para abrir un cauce genuino a la paz y la reconciliación, superar todo esquema de revancha política y, con ello, aprender a construir un mejor futuro para todos.

 

 

 

 



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